Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Soy Hadgi, jefe —respondió la sombra.
—No pensaba que estuvieras a tan breve distancia de la tienda del beg.
—Era necesario que te hablase urgentemente. —¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
—Algún sarto ha descubierto nuestra presencia, porque la casa de Talmá fue cerrada esta noche más temprano de lo habitual y se han oÃdo rumores como si estuvieran barricando las entradas.
—¿Habrán cometido tus hombres la imprudencia de hacerse ver en las cercanÃas?
—No, jefe.
—¿Ninguno estuvo en la aldea de los sartos?
—No; permanecieron todo el dÃa ocultos entre las altas hierbas.
—¿Quién puede habernos traicionado? A pesar de todo, es indispensable dar el golpe esta noche, mientras Hossein esté lejos. Además, asà lo he convenido con su primo.
—Mi gente está lista.
—Como comprenderás, no quiero perder los cinco mil thomanes que me prometió, suma que ni el khan de Chiva pagarÃa por una muchacha, aunque fuese la más bella de la estepa quirguisa.
—Tampoco nosotros deseamos perder la parte que nos corresponde —dijo Hadgi.
—¿Qué disposiciones has tomado?