Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Reanudaron la loca carrera. La morada de la muchacha distaba todavÃa unas nueve millas, que los incomparables corceles podÃan salvar en menos de una hora. Galoparon con la cabeza baja para evitar las ráfagas de arena respirando como fuelles por más de treinta minutos, hasta que Hossein, que escrutaba ansiosamente el oscuro horizonte, detuvo su jorsano al tiempo que le gritaba al servidor:
—¡Atención, Tabriz!
—¿Qué pasa, patrón?
—¡Los lobos!
—¡Mala señal!, detrás de ellos estarán los «águilas».
—Reposemos un momento. Si la casa de Talmá hubiese sido asaltada, habrÃamos oÃdo repetirse los tiros de fusil. Llegaremos a tiempo.