Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡A él, sartos!… ¡Ahà está!…
Alaridos ensordecedores respondieron a este grito y una ola humana se derramó por las angostas callejuelas de la aldea flanqueadas por pequeñas casas de adobe, de color gris y miserable aspecto, como todas las habitadas por los turcomanos no nómades de la gran estepa turana.
—¡Deténganlo con una bala en el cráneo!
—¡Maten a ese perro!… ¡Fuego!
Una voz autoritaria que no admitÃa réplica dominó todo ese alboroto.
—¡Guay de quién dispare!!… ¡Cien thomanes[1] al que me lo traiga vivo!