Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa En el espacio que se extiende de oriente a occidente entre los mares Caspio y del Aral y linda con Persia, Afganistán, el TÃbet y Siberia vive un pueblo bravo y belicoso que ninguno de los Estados confinantes ha sido capaz de subyugar. Sólo los rusos, después de no fácil lucha y enormes sacrificios, lograron recientemente ponerle freno, pero no dominarlo, y aún hoy pueden considerarse todos sus kahanatos como independientes. Es el de los turcomanos, formados por varias razas que lo único que tienen de común entre ellas es una cosa: el instinto de la rapiña. En eso se parecen a los temibles tuang que imperan en el desierto del Sahara.
Ese pueblo inquieto, del que salieron en los pasados siglos las hordas que invadieron el Asia Menor y la penÃnsula balcánica y unidas a los árabes hicieron temblar durante tanto tiempo a las aguerridas naciones del Mediterráneo, ocupa toda la inmensa estepa y el valle del Óx, parte de Jorasán y una porción de Beluchistán. Es una tierra ardiente y árida en verano y frÃa y nevosa en invierno, y en la que sólo crecen, gracias a las abundantes lluvias que caen en otoño y primavera, hierbas que asumen gran altura. Existen algunos oasis donde se cultivan con buenos resultados arroz, lino, algodón y frutas, los que se producen también en los valles que cruzan sus mayores rÃos: el Syr Ceria, el Kisel y el Óxus, particularmente fértiles.
