El buque maldito
El buque maldito
CAPITULO IX
A las ocho en punto hallábase ya en su puesto papá Catrame dispuesto a relatarnos su octava historia. Mirarnos su acartonado rostro para ver si estaba de buen humor o de malo, ya que de ello podrÃamos deducir si su narración seria alegre o triste. Pero fueron infructuosas nuestras investigaciones, porque su semblante no expresaba nada. Sólo pudimos comprender que estaba algo nervioso; no hacÃa más que alzar con los dientes la pipa que tenÃa en la boca y meter en ella su dedo pulgar, aunque tiraba perfectamente.
¿Estaba perplejo por la elección del relato? ¿No recordaba acaso los pormenores del suceso? Tal vez una cosa y otra, a mi entender. Lo cierto es que permaneció silencioso más de un cuarto de hora sobando su pipa. Al fin, después de echarse al coleto un par de vasos de vino, su memoria pareció despertar como por ensalmo.
—Creo y no creo — comenzó diciendo.
—¡Oh, oh! —exclamó el capitán—. Poco a poco nos va a resultar incrédulo papá Catrame.
—No —replicó él gravemente—. Es que tengo mis dudas acerca de lo que voy a contar, porque no pude nunca comprobar el hecho con plena seguridad.
—Veamos, papá Catrame, ¿se trata de algún monstruo raro?
