El buque maldito
El buque maldito CAPITULO XIII
La condena de papá Catrame estaba a punto de cumplirle. Restaba sólo un relato que escuchar de su boca, y su lengua, tras aquella desusada actividad, se entregarÃa al reposo, muy probablemente por mucho tiempo. Ya era tiempo, pues nuestro barco llegaba ya a la costa Indica, y si el viento seguÃa favorable, al dÃa siguiente debÃamos de divisar las grandes montañas.
Desgraciadamente para el viejo contramaestre, que contaba con el viento para llegar al puerto antes de la noche y evitarse el duodécimo relato, prodújose de pronto una calma completa que duró todo el dÃa siguiente al de su undécima narración.
Al salir el sol estábamos aún bastante lejos de la costa, quizá a trescientas millas. Papá Catrame pareció al principio contrariado y tardó más de media hora en salir de la cala; pero, al fin,. cuando subió a cubierta, no parecÃa de muy mal humor.
Quizá se consolara pensando que era su última narración. Y ¿quién sabe si no le pesaba el concluir su condena, suavizada por el excelente vino añejo del capitán? ¡Le gustaba tanto aquel vino de Chipre, que no es hacerle, ni mucha menos, una injuria el suponerlo!
