El Capitán tormenta
El Capitán tormenta LA TRAICIÓN DEL POLACO
En la plazoleta del castillo, más allá del puente levadizo, dos grupos de jinetes esperaban la llegada de la sobrina del almirante y del hijo del bajá de Medina.
El uno estaba formado por los renegados griegos, Perpignano, El-Kadur, el tÃo Stake y un marinero; el otro, por veinticuatro genÃzaros armados hasta los dientes.
Entre los dos grupos, y montando en un caballo negro, habÃa un hombre de unos treinta años, alto, de rostro pálido y enjuto, largos bigotes negros y ojos grandes muy hundidos. VestÃa una raÃda casaca oscura y pantalón del mismo color, y en la cabeza un fez descolorido y sucio.
Su mirada se habÃa clavado en la duquesa, mientras un temblor convulsivo agitaba sus miembros. Sin embargo, no lanzó ni un grito, y se mordió los labios por temor a dejar escapar una palabra.
Leonor palideció intensamente y luego la sangre le afluyó al rostro.
—Ese es el cristiano —dijo Haradja, señalándole—. ¿Le habÃas visto alguna vez?
—No —contestó, dominando su emoción.
