El Capitán tormenta
El Capitán tormenta EL INCENDIO DE LA GALERA
Mientras en el camarote se desarrollaba la anterior escena, el tÃo Stake, encerrado en la sentina de la galera, se dedicaba a mandar al diablo a Mahoma y a todos sus adoradores.
El furioso lobo de mar vomitaba insultos sin cesar.
—¡Preso! —gritaba, golpeándose la cabeza y tirándose de las barbas—. ¿Habrá abandonado la Cruz de Jesucristo? ¡Es demasiado! ¡Ya es hora de que la suerte cambie para nosotros! ¡Esto no puede continuar asÃ, o acabaré por hacerme turco! ¿Qué os parece, señor Perpignano?
—¿Y qué puedes hacer, tÃo Stake? —preguntó el teniente, saliendo del abatimiento en que estaba.
—¡Yo! —exclamó con feroz acento el tÃo Stake—. ¡Volar la galera con todos los malandrines que la tripulan, y salvamos nosotros!
—Explicaos, tÃo Stake: ¿qué pretendéis intentar? —dijo Perpignano.
—Mandar a pique a esta galera antes de que llegue a Hussif —dijo el lobo de mar.
—También yo quisiera, pero no veo cómo hacerlo.
