El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¿Sabéis, al menos, si está vivo?
—El-Kadur me ha dicho que Le Hussière sigue prisionero.
—¿Y de quién?
—Lo ignoro aún.
—Me parece extraño que estos terribles combatientes, tan poco dispuestos a dar cuartel, le hayan respetado la vida.
—Eso pienso yo también —repuso el capitán—, y es lo que más me atormenta.
—¿Qué teméis, capitán?
En lugar de contestar, el capitán Tormenta se levantó diciendo:
—El alba despuntará en breve, y el turco vendrá bajo las murallas a lanzar su reto. Vamos a prepararnos para el combate. O vuelvo vencedora, o quedaré muerta, y terminarán mis sufrimientos.
—Señora —dijo el teniente—, permitidme que luche yo con el turco. Aunque sucumbiese, nadie me llorarÃa; soy el último descendiente de los condes de Perpignano.
—¡No, teniente! —dijo la duquesa con una desdeñosa sonrisa—. Si no fuera tan fuerte y resuelta, Gastón Le Hussière no me habrÃa amado. ¡Yo demostraré a los turcos y a los jefes venecianos cómo se bate el capitán Tormenta!