El Capitán tormenta

El Capitán tormenta

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CONCLUSIÓN

Poco después de la muerte del pobre y fiel esclavo, llegaban a galope tendido delante de la casa Muley-el-Kadel y Nikola Stradiato, con sus treinta soldados.

Oyendo el estruendo causado por tantos caballos, los turcos, temiendo una sorpresa, se habían precipitado en desorden fuera de ella, dejando en la escalera, que no había logrado tomar, muchos muertos y heridos.

Sin lanzar ni un grito de aviso, Muley-el-Kadel, cargó sobre ellos, repartiendo mandobles a diestro y siniestro, mientras sus hombres hacían una descarga cerrada de arcabuces.

En la puerta estaba Perpignano, preparado, en unión de los griegos, a tomar una enérgica defensiva.

—¡El León de Damasco! —exclamó el veneciano asombrado—. ¡Y Nikola!

—¿Dónde está la duquesa? —preguntó el turco, echando pie a tierra.

—En el piso superior.

Sin esperar a más detalles, subió rápidamente la escalera, seguido por Nikola, y entró en la primera habitación.

La duquesa sollozaba aún junto al cadáver de El-Kadur.

—¡Viva! ¡Viva! —gritó Muley-el-Kadel, mientras un vivo carmín le teñía el rostro.


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