El Capitán tormenta
El Capitán tormenta EL ASALTO DE FAMAGOSTA
La amenaza del gran visir de los turcos produjo honda impresión entre los capitanes cristianos, seguros de la audacia y energía del formidable guerrero, a quien se debían las victorias hasta entonces logradas contra los venecianos.
Estos sabían que a la noche tendrían que resistir un asalto encarnizado. Así, dirigidos por el gobernador, tomaron las disposiciones necesarias para afrontar el terrible peligro que los amenazaba.
Los capitanes cristianos habían decidido anticiparse al asalto de los turcos con un furioso bombardeo, a fin de alejar a los zapadores e impedir que la artillería enemiga tomase mejores posiciones.
En efecto, pasado el mediodía, todas las piezas que guarnecían los fuertes abrieron un fuego infernal, cubrieron la llanura de hierro y de piedras, mientras los más hábiles arcabuceros, resguardados por los parapetos, atacaban a los minadores que trataban de acercarse ocultándose en las desigualdades del terreno.
El fuego duró hasta la caída del sol, causando pocas pérdidas a los asaltantes, y una vez cerrada la noche las tropas tocaron a rebato, llamando a los habitantes a la defensa de las murallas.
El ejército turco se desplegaba por la llanura en inmensa columna, preparándose al asalto general.
