El Capitán tormenta
El Capitán tormenta EL OSO DE POLONIA
Al dĂa siguiente por la noche, despuĂ©s de las diez, Muley-el-Kadel, conforme habĂa prometido solemnemente, entraba en el subterráneo con las debidas precauciones, acompañado de cuatro esclavos.
El-Kadur, que ya esperaba en la entrada franqueĂł el paso a la comitiva.
—¡Aquà estoy, señora! —dijo Muley—. El juramento que os hice sobre el Corán lo he mantenido, y más de lo que esperabais. Os traigo vestidos turcos, armas, noticias preciosas y seis caballos.
—No dudaba, Muley-el-Kadel, de que serĂais leal y generoso —repuso la joven—. ¡El corazĂłn de una mujer difĂcilmente se equivoca! ÂżHabĂ©is encontrado a alguien en vuestro camino?
—SĂ, a un capitán genĂzaro, al parecer ebrio.
—¡Era él! —exclamó Perpignano.
—¿Quién es él? —preguntó el turco mirándole atentamente.
—El oso de los bosques polacos —dijo la duquesa.
—¡El capitán a quien yo vencĂ, y que renegĂł de su fe!
—Sà —dijo el veneciano.
—¿Ese hombre se ha atrevido a espiamos? —preguntó frunciendo el ceño Muley-el-Kadel.
