El Corsario Negro
El Corsario Negro —Entonces debemos esperar una resistencia desesperada en Maracaibo.
—Seguramente, amigo Pedro; pero ¿quién podrá resistir el asalto de seiscientos filibusteros? ¡Ya sabes lo que valen nuestros hombres!
—¡Por los arenales de Olona! —exclamó el filibustero—. ¡Lo he visto muchas veces! Además, tú conoces a Maracaibo, y sabrás cuál es el lado débil de la plaza.
—Yo te guiaré, Pedro.
—¿Te retiene aquà algún asunto?
—Ninguno.
—¿Ni siquiera tu bella flamenca?
—Me esperará; estoy seguro —dijo el Corsario.
—¿En dónde la has alojado?
—En mi quinta.
—¿Y tú adónde vas a ir si está ocupada tu casa?
—Permaneceré contigo.
—¡Hombre, eso es una suerte con que no contaba! Asà comentaremos mejor la expedición charlando con Miguel, que va a venir a comer conmigo.
—¡Gracias, Pedro! Entonces, ¿cuándo marcharemos?
—Mañana al amanecer. ¿Tienes completa tu tripulación?