El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Parece imposible que en este bosque no se pueda encontrar ni siquiera un gato!
—Ya has visto que no faltan; pero ¡qué gatos!
—Si encontramos al jaguar, le mataremos.
—La carne de esas fieras no es mala del todo, especialmente asada a la parrilla.
—¡AhÃ! —exclamó el catalán levantando la cabeza con rapidez—. ¡Creo que podemos matar alguna cosa mejor!
—¿Has visto algún cabrito, catalán de mi corazón?
—Mira allá arriba: ¿no ves volar un pájaro grande?
Carmaux alzó los ojos y vio, efectivamente, un gran pájaro negro revoloteando entre las hojas y las ramas de los árboles.
—¿Y es ese el cabrito que me prometes?
—Es un gule-gule. ¡Mira: allà hay otro y más allá, otros!
—¡Pégale un balazo, si eres capaz! —dijo Carmaux con ironÃa—. ¡Además, no me inspiran confianza tus gule-gule!
—No pretendo matarlos; pero por si no lo sabes, te diré que esos pájaros nos indicarán dónde podremos encontrar excelente caza.
—¿Qué clase de caza?
—JabalÃes.