El falso brahman
El falso brahman —Calla —dijo en seguida el primero al indostano—. No parece sino que es presa de alguna pesadilla. ¿Ves? Ni siquiera ha reparado en nuestra presencia. Dejémosla hacer.
—Aquà interviene la mirada magnética del brahman —dijo Tremal-Naik.
—Eso es lo que temo. Veamos.
Retiráronse a un lado del saloncillo y se sentaron sobre un diván.
Surama permaneció inmóvil, con los ojos fijos en el vacÃo y cargados de extraños resplandores, y las manos caÃdas a lo largo del cuerpo.
Un temblor vivÃsimo agitaba sus miembros y hasta descomponÃa su soberbia cabellera.
Avanzaba como un autómata, hollando ligeramente y sin producir el más leve rumor las alfombras espesÃsimas que cubrÃan el pavimento.
Detúvose un instante, haciendo un gesto vago, como de indecisión; después se acercó rápidamente a la butaca en la cual habÃa estado el brahman. Sus manos palparon detenidamente los brazos del asiento y en seguida exhaló un grito:
—¡Me has llamado y no estás aquÃ!
Yáñez se habÃa levantado bruscamente, presa de una agitación vivÃsima.
—¡Ese perro me la ha hipnotizado!