El falso brahman
El falso brahman Se acercó a la princesa sin hacer ruido y se detuvo a un paso de distancia, con los brazos extendidos, dispuestos a recibirla en ellos si caÃa.
Tremal-Naik se habÃa levantado también, uniéndose a su fiel amigo. Surama continuaba pasando una y otra vez sus pequeñas manos por los brazos del asiento, y parecÃa como si quisiese deshacer algunos nudos. Quizá buscaba las cadenas de acero que sujetaban las muñecas del brahman.
—Empiezo a tener miedo de ese hombre —dijo Yáñez en voz alta a Tremal-Naik—. Ese malvado es más terrible que el griego y va a traer la ruina a mi corona.
—Hazlo fusilar al salir el sol.
—No; antes debe hablar. No estoy todavÃa seguro de si es que Shindia intenta reconquistar su corona, y…
Interrumpióse bruscamente y cogió entre sus brazos a Surama, que habÃa perdido de pronto el equilibrio.
La estrechó con pasión contra su pecho, besando sus cabellos espesÃsimos; pero ella le rechazó.
—No eres tú quien me ha llamado —dijo la princesa con voz ronca—. No he encontrado las cadenas…, no sé hallar el camino para ver otra vez tu fatal mirada.
—No la despiertes —dijo Tremal-Naik—. Llévala al lecho y confÃala al cuidado del ama de Soárez.