El falso brahman
El falso brahman —Procuraremos impedirlo. El caso no es tan extraordinario como tú crees.
»Entre los hombres de nuestra raza hay hipnotizadores de una fuerza increÃble, que imponen fácilmente su voluntad a los que le están sujetos.
»Una vez, y no hace mucho tiempo, un paria hipnotizó a un muchacho de apenas quince años, ordenándole ir a matar a un viejo inglés que habitaba solo en un pequeño bungalow[38].
»El delito se cometió, el blanco fue degollado y, al ser apresado el asesino, declaró no acordarse de nada.
»Pero algunas personas habÃan visto al paria hipnotizarlo, y aunque el muchacho se libró de la horca, no pudo librarse el otro, que murió maldiciendo a todos los dioses de nuestro paÃs.
—Un canalla menos —dijo Yáñez—. Yo también oà hablar en Malasia de hipnotizadores extraordinarios, sobre todo en la tribu de los dayakis, pero no creà nunca en el poder de su mirada.
—Ya lo estás viendo ahora.
—Demasiado.
Sacó el reloj y miró la hora.
—Dentro de poco amanecerá —dijo—: Son ya las tres y media. Hemos perdido la noche y no vale la pena de acostarse. ¡Oh, los negocios de Estado!…
—¿Te inquietan?