El falso brahman
El falso brahman Apenas habÃan salido, cuando el baniano sacó de un saco un corderillo muerto y ya algo corrompido, a juzgar por el desagradable olor que exhalaba, y lo colocó junto al colchón ocupado por el paria y a los pies de este.
—Acudirán a millares —dijo el cazador de ratas—. Quiero ver si este hombre es capaz de resistir al temor de ser devorado vivo por las ratas sin poderse defender.
—¡Hum! —exclamó Kammamuri—. Yo tengo más confianza en mis pajarracos.
—Veremos, sahib. Allà hay dos puertas que conducen, sin duda, a otros subterráneos mucho mayores. Abrámoslas, retirémonos y contemplemos la escena. Si los roedores tienen mucha hambre y muerden con demasiado furor las carnes de este tuno, intervendremos.
—¿Debemos apagar las linternas?
—No es necesario. Las ratas hambrientas no tienen miedo a la luz.
Abrieron las dos puertas de bronce que conducÃan a los grandes subterráneos y en seguida se retiraron hacia la escalera, uniéndose al rajaputos.
