El falso brahman
El falso brahman —Parecen ojos de tigre.
—Ese bandido ha hipnotizado también a las ratas y les ordena que se vayan. Veremos si hace lo mismo con mis filósofos.
—Los hipnotizará también.
—Tienen los nervios demasiado fuertes para rendirse ante una mirada.
—Las ratas se van. No quieren atacarle.
—Deja que se vayan. Supongo que no iremos a detenerlas por el rabo.
Los roedores, ante las miradas cada vez más fosforescentes del paria, continuaban retirándose. De cuando en cuando se detenÃan e intentaban estrechar sus filas para lanzarse al ataque, pero en seguida volvÃan a huir, saltando como si alguien las apalease y chillando con todas sus fuerzas.
Llegado que hubieron a las dos puertas, hicieron una postrera tentativa; pero después, como poseÃdas de un temor invencible, se lanzaron a través de los oscuros subterráneos, desapareciendo en pocos instantes.
—Me he engañado al contar con las ratas, sahib —dijo el baniano—. Jamás he visto cosa parecida.
—Ni yo tampoco.
—¿Y qué vas a hacer con tus filósofos? TodavÃa no me lo has dicho.