El falso brahman
El falso brahman —¿Quieres acaso dejarme ciego, sahib? —preguntó el prisionero con voz alterada—. ¿SerÃas capaz de quitarme la vista?
—Eso lo veremos después. Ahora mira a ver si puedes dormir un rato, pero te advierto que estaré siempre alerta para despertarte.
—¡Ah, el suplicio del sueño!
—No sé nada. Como te libraste de las ratas, procura también librarte de estos bichos, hipnotizándolos, si puedes. ¡Ah, querido! Tienen los ojos demasiado fuertes y el cráneo muy duro.
Sacó un viejo reloj de plata y miró la hora.
—Las cuatro y media —dijo—. Es bastante tarde y yo me voy a echar un sueñecito.
—¡Espera! —gritó el paria, que parecÃa aterrorizado.
—Supongo que no querrás que te hagamos nosotros compañÃa.
—No; quiero decirte solamente que soy un brahman auténtico.
—¡Ah! —exclamó Kammamuri—. No tienes facha de ello.
—¿Y si lo jurase por Yama, el juez de los muertos?
—No te creeré.
—Ni yo tampoco —dijo el cazador de ratas.