El falso brahman
El falso brahman —Os podrÃais arrepentir demasiado tarde. Sabed que los brahmanes gozamos de la protección de los dioses, porque somos seres puros, y nadie puede tocarnos sin incurrir en penas espantosas.
—¡Y va de cuento! —exclamó Kammamuri, encendiendo un cigarrillo que le habÃa quedado en el fondo de un bolsillo.
—Sabed que no sólo es un crimen tocarnos a nosotros, sino que también a los animales que nos pertenecen. —Prosigue con el cuento. Los filósofos empiezan a enfadarse y a armar barullo.
—Sabed también que si un hombre mata a una ternera perteneciente a uno de nuestra casta, irá cuando muera al infierno, donde será sin cesar mordido por serpientes y atormentado por el hambre y la sed.
—Hará calor allá abajo —dijo Kammamuri, encogiéndose de hombros—. ¡Cuenta, cuenta!
—Tú no puedes figurarte qué penas tan enormes caerán sobre el hombre que haya matado a un brahman, cualquiera que sea la causa, porque es un pecado cuatro veces más grave que matar a una vaca.
—Para ser un paria, estás bastante instruido —dijo el malabar.
—¡No soy paria, sino brahman! —gritó el prisionero, lanzando sobre ellos una inmensa mirada que no obtuvo resultado alguno.