El falso brahman
El falso brahman —Vamos, cazador de ratas —dijo el maharato, arrojando la última bocanada de humo—. Ya estoy harto de esta música. Me ataca terriblemente a los nervios. Dejémosla aquà para que la disfrute a solas el paria.
—¡Paria, no; sino brahman! —protestó el prisionero.
—Como quieras. Si tienes sueño, mira a ver si puedes cerrar los ojos.
—Brahma te maldecirá.
—Nada malo he hecho; ¿y por qué, pues, me va a maldecir?
—Pero estás maltratando a uno de sus sacerdotes.
—Valiente sacerdote… que ha envenenado a tres ministros del marajá. ¿Quién lo ha ordenado? Si hablas te dejaremos descansar y te traeremos comida y cerveza fresquÃsima.
—Nada tengo que decir.
—Entonces, mira a ver si puedes hipnotizar a los filósofos. Tendrán los sesos algo embotados para sentir los rayos de tus pupilas, Nosotros nos vamos a descansar no muy lejos de aquÃ, y te advierto que ahà fuera hace guardia un soldado incorruptible que te vigilará.
—Que la lepra caiga sobre ti en la hora de la muerte, antes que alcances el nirvana.
—Yo no iré nunca a ese paraÃso, y asà no me importa —respondió Kammamuri.