El falso brahman
El falso brahman Un hermosÃsimo caballo negro habÃa desembocado de la espesura, corriendo en dirección al carro. Un indostano, delgado como un faquir, pero joven aún, lo montaba, llevando bien sujetas las bridas y las puntas de los pies dentro de los estribos, que no eran como los largos y de bordes cortantes usados por los musulmanes de la India.
El caballo, al ver a los búfalos, habÃa vuelto grupas como un rayo, preparándose a escapar con todas sus fuerzas. Por instinto, conocÃa demasiado el poder de aquellas bestias.
—¡Bindar! —gritó Yáñez—. ¿A qué vienes aqu�
—¡Señor —respondió el jinete a grandes voces—, han envenenado a vuestro tercer ministro! Acaba de morir hace un par de horas.
—¡Cuerpo de Júpiter! ¿Qué es lo que me cuentas?
—La verdad, alteza.
—¿Y Surama, y mi hijo, mi pequeño Soárez?
—Todos vivos. Volved pronto. Tremal-Naik os espera.
—Huye tú entre tanto. Nos van a dar mucho que hacer estos animales. ¡Escapa, escapa! ¡Saluda de mi parte a mi mujer! ¡Vela por mi hijo!
—¡SÃ, marajá! Que Visnú te proteja.