El falso brahman
El falso brahman El cortejo, compuesto de varios millares de personas, debÃa de haberse puesto ya en marcha escoltado por las tropas y seguido de danzarinas y sacerdotes.
El maharato esperó a que se fuese alejando todo aquel estruendo; y después, volviéndose al paria, con una botella de cerveza en la mano, le dijo:
—Aquà hay de beber; pero, como te he dicho, primero es preciso que hables.
—Mátame, ya que no puedo defenderme —tomó a decir el paria.
—Amigos, nuestro almuerzo ha terminado; podemos, pues, volvemos a nuestros puestos de guardia en el subterráneo de arriba.
—¿Me dejáis otra vez solo? —preguntó el prisionero, que parecÃa un poco trastornado.
—Nada tenemos que hacer aquà —dijo Kammamuri—. Hemos comido y bebido, y ahora nos vamos a encender nuestras pipas.
—¿Y si vuelven las ratas?
—Compóntelas como puedas.
—¿Y dejaréis que me devoren vivo?
—Allá veremos. Nos contentaremos por ahora con dejar que te roan la nariz y las orejas. Si puedes dormir, cierra los ojos. Te concedemos cinco minutos.
—Haz que saquen fuera a los arghilahs. ¿Cómo quieres que pueda yo dormir con el estruendo que hacen? Dales al menos de comer y beber.