El falso brahman
El falso brahman A punto estaba de echarse sobre uno de los lechos, cuando percibió hacia la tercera puerta de bronce que conducÃa a las habitaciones reales un sordo aullido, acompañado de cierto tintineo, como de una cadena de metal.
Miró al anciano y al rajaputo, que habÃan amartillado al punto sus pistolas, y les interrogó con la mirada.
—Quizá sea uno de los molosos, que viene a hacemos compañÃa —dijo el cazador de ratas—. Esos pobres animales deben de estar aturdidos con tanta música funeraria.
—Sà —confirmó el soldado—; es uno de nuestros molosos.
En aquel momento, la puerta de bronce, que estaba sólo entornada, se abrió con violencia, y los tres hombres vieron con inmenso estupor aparecer a Surama, envuelta toda en una graciosa túnica de seda azul con pantalones de seda blanca que caÃan sobre menudas babuchas de terciopelo rojo y punta retorcida.
SeguÃala un moloso, gruñendo sordamente y arrastrando sobre las losas del pavimento su larga cadenilla de acero.
—¡Quietos todos! —dijo al punto el maharato—. No debemos despertarla: es la orden del marajá.
—La princesa está aún hipnotizada —dijo el baniano—. ¿Por qué no han cuidado de ella?