El falso brahman
El falso brahman PoseÃdos de un increÃble furor, tiraban rabiosamente de las cadenillas, y las golpeaban con sus robustos picos; pero el acero indostánico resistÃa a todos sus esfuerzos.
Surama pasó entre los rabiosos animales, manteniéndose a prudente distancia para no perder un ojo, y se dirigió solÃcita hacia el paria, deteniéndose junto al colchón.
—Me has llamado, ¿verdad? —le preguntó con voz temblorosa.
—SÃ, alteza, y te esperaba —respondió el paria.
—¿Qué quieres de m�
—¿Dónde está el marajá?
—En los funerales del ministro.
—¿Estás, pues, sola?
—Asà lo creo. ¿Qué quieres de m�
—¿Quién te ha seguido?
—Un perro.
—No lo veo.
—Se habrá vuelto. ¿Qué quieres?
—Tengo sed. Sube al subterráneo superior, y encontrarás una cesta donde hay tres botellas de cerveza. Tráeme una, y esta noche te dejaré dormir tranquila.
—¿Cómo sabes tú todo eso?
—Lo veo.
—¿A través de los muros?