El falso brahman
El falso brahman En aquel momento se abrió la puerta y volvió a aparecer la princesa de Assam, con sus ojos siempre dilatados, mirando fijos hacia delante y como perdidos en una lontananza infinita. Dirigióse sin vacilar hacia la enorme cesta y la cogió en seguida con sus manos.
Había obedecido a la orden del paria, pero el maharato había sido más listo que este.
—Vamos a ver —dijo a sus compañeros—. No hagáis ruido ni pronunciéis una palabra.