El falso brahman
El falso brahman Pasaron algunos minutos, durante los cuales la rhani continuó vacilando y sudando copiosamente, hasta tal punto que toda su hermosa túnica azul quedó manchada de grandes gotas. Después retiró las manos que le cubrÃan el semblante.
—¡Abajo! —habÃa dicho simplemente el paria—. Soy yo el más fuerte.
Después ardió en sus ojos un relámpago fosforescente que asestó contra la princesa, incapaz ya de defenderse.
—AproxÃmate —dijo el malvado cuando creyó llegado el momento oportuno.
—¿No me harás daño?
—No, alteza. Eres demasiado bella para hacerte sufrir, pero debes obedecerme.
El paria, medio muerto de sed, hablaba con voz ronca, como un rugido: más que un hombre, parecÃa hablar una fiera.
—Manda —dijo Surama.
—Rompe las cadenas que me tienen sujeto.
—No podré nunca.
—Posees la fuerza de un tigre, alteza. Te lo digo yo, te lo mando. ¿No es verdad que te sientes más fuerte?
—SÃ, pero mi cabeza está vacÃa y mis ojos no ven. Estoy como alucinada.