El falso brahman
El falso brahman —SÃ; tu voz retumba como un trueno en mis oÃdos.
—Sube a tu habitación. Coge cerveza y tráeme una botella. Después coge a tu hijo y dáselo a comer a los arghilahs. Cuando hayan comido, me dejarán dormir.
—¿A mi hijo? —dijo Surama, como si no hubiese comprendido.
—SÃ, a tu Soárez; creo que asà se llama.
—¿Y quieres hacerlo morir?
—Quiero dormir; ve, ¡te lo mando!
Surama atravesó el subterráneo, andando como una sonámbula; se detuvo un momento a contemplar los terribles picos de los arghilahs, a través de los cuales debÃan pasar los tiernos miembros de su hijito, y subió la escalera.
—SÃguela —dijo Kammamuri al baniano— y da la voz de alarma. Después cierra en seguida las puertas de bronce, para que la princesa no pueda bajar aquà otra vez.
Esto dicho, penetró en el segundo subterráneo como una fiera rabiosa, y cayó sobre el paria, cubriéndole de tremendos puñetazos.
El rajaputo iba esgrimiendo su media lanza, cuya punta aún llevaba ensartadas las ratas, y se preparaba a descuartizar al miserable.