El falso brahman
El falso brahman —Porque te has atrevido a maltratar a un brahman.
—Fuera farsas, bandido. ¿O habré de repetirte cada cinco minutos que no eres más que un paria? Ya va esto pasando de la raya.
—¡Todos estáis engañados!…
—¡Oh! Los hombres de tu raza se conocen en seguida. ¿Te decidirás por fin a hablar? Si esperas a la princesa, estás divertido; hemos hecho cerrar todas las puertas de bronce.
—No me importa. Ya sabes lo que debe hacerse si quiere descansar.
—¿Quieres aún más puñetazos, canalla? —gritó el maharato, levantando sus brazos y dispuesto a comenzar de nuevo.
—SÃ; de ese modo acabarás de matarme.
—No, no. Ya reventarás, si quieres, cuando lo hayas confesado todo. ¡Miserable! ¿Conque has mandado a la princesa que traiga a su hijo y se lo arroje a los arghilahs para calmar su hambre y hacerlos callar? Tienes un corazón más feroz que los tigres rojos y que los mismos antropófagos.
—Tengo sueño.
—Duerme.
—Llévate fuera a los filósofos; acabaré por volverme loco.