El falso brahman
El falso brahman —Y continúa hipnotizando a mi mujer hasta desde allá abajo, en el subterráneo.
—No; debió de ser magnetizada la primera vez que la vio —dijo Tremal-Naik—. El malvado comprendió que encontraba un sujeto muy a propósito, impotente para reaccionar contra el poder magnético de sus ojos, y se aprovechó en seguida.
—¿Qué hace ahora la princesa? —preguntó Kammamuri.
—Yace sobre su lecho completamente desfallecida. Empiezo a sentir verdadero terror.
—¿No ha intentado coger al niño para dárselo a comer a los filósofos, como querÃa el paria?
—El baniano y yo la detuvimos a tiempo, cuando ya tenÃa en brazos a mi hijo, y se desplomó de pronto ante mÃ, como presa de un desmayo repentino. ¡Dar de comer a mi hijo a los arghilahs! ¡Oh, qué alma tan negra tiene ese bandido!
—El alma de la diosa Kali, señor Yáñez.
—Empiezo también a sospecharlo. ¿Y no ha confesado nada hasta ahora?
—No, y continúa obstinado en hacerse pasar por un brahman.
—¿Qué hacer? —preguntó el portugués, paseando furiosamente por la estancia, con las manos metidas en los bolsillos y los ojos relampagueantes de ira.