El falso brahman
El falso brahman —Por lo menos para inquietarse, señor Yáñez.
—Esta vez quiero descubrir bien el delito, y el perro que lo haya cometido, no escapará a la cuchilla de mi verdugo. Cuento también con Timul. Este hombre es un maravilloso rastreador. Si encuentra la pista del asesino, la seguirá hasta las grandes montañas del Himalaya, y aun más allá, aunque sea en el corazón del Tibet.
»Pero no comprendo el motivo de estos crÃmenes. Yo soy popularÃsimo: la rhani, mi mujer, lo es aún más que yo; todos nos aman y… nos envenenan a traición. Desde esta tarde no comeré más que huevos, que abriré y limpiaré yo mismo.
—¡Y haréis bien, señor Yáñez! No hay que fiarse de nadie. Yo amasaré el pan para vos, para la rhani, para el pequeño Soárez y para mi amo.
—¡He aquà a mi viejo cazador convertido en panadero!… —dijo el portugués en chanza.
—Nosotros, los maharatos, lo mismo sabemos matar un tigre o un elefante, que amasar y cocer un panecillo. Yo me pondré al frente de las cocinas reales, y si sorprendo a un cocinero echando polvos venenosos en las viandas, lo mato de un solo golpe de mi tarwar.
—Y después arrojaré yo su cuerpo a los tigres de mi parque.