El falso brahman
El falso brahman —Están furiosos, sahib —dijo el cazador de ratas—. Dales de beber y se tranquilizarán.
—¿Agua? Ni para el paria ni para los filósofos —dijo el cruel maharato.
—Acabarán por devorarse unos a otros, para beber al menos su sangre.
—Que rompan, si pueden, las cadenas. Son las de los perros, y ya te puedes imaginar cuán fuertes serán.
Abrió la boca, mostrando dos filas de dientes que envidiarÃan un cocodrilo, y dijo:
—Siento el estómago vacÃo. Vamos a llenarlo.
—¿Y este hombre? —preguntó el rajaputo, al ver que el paria volvÃa a abrir el ojo.
—Déjalo que platique con Brahma, o discuta con los filósofos —respondió, riendo, Kammamuri—. ¡Oh, hablará! SÃ, debe hablar, lo quiero, y si no confesase, dejarÃa de ser yo un maharato. ¡Ea, a comer!
Atravesaron el subterráneo, descargando algunos puñetazos sobre las calvas cabezas de los arghilahs, que intentaban morderlos, y subieron a donde se hallaban los pequeños catres de campo.
Dos criados habÃan llevado allà dos grandes canastas llenas de aves asadas, carne frÃa, botellas de cerveza, plátanos y nueces de coco llenas de fresca leche.