El falso brahman
El falso brahman —Duerme tranquilamente al lado del niño —respondió el viejo cazador de fieras de la Selva Negra—. Pero Yáñez sigue muy alarmado por ese prolongado sueño hipnótico.
—No lo estoy yo menos, patrón, —exclamó Kammamuri—. El miserable paria me ha dicho que ahora la princesa sabe ya lo que debe hacer y que él no necesita más de sus ojos.
—¡Oh, qué malvado es ese traidor, o, mejor dicho, ese envenenador, que está tramando nuestra desgracia!
—¿Queréis, patrón, que arroje el ojo que le queda a un arghilah? Se lo tragarÃa como si fuese el huevo de un pájaro.
—No; todavÃa no.
»Yáñez a estas horas le habrÃa ya hecho atar a la boca de un cañón, y saltar bien alto en más de cien pedazos; pero yo no he querido.
»Este paria nos dará la clave de las terribles venganzas que se vienen ejecutando, sin duda alguna, en nombre de Shindia. Este debe de haberse escapado de Calcuta para intentar la reconquista de la corona del Assam, sobre la cual hizo correr no menos sangre que su hermano.
»Mucho me engaño si bajo nuestros pies no hay minas terribles dispuestas a estallar. Nuestra raza no sabrá nunca apreciar los beneficios de la civilización.