El falso brahman
El falso brahman —¿Conque decÃas, patrón —continuó Kammamuri, encendiendo uno de sus acostumbrados cigarrillos de palma de tabaco rojo—, que quieres sorprender a esos misteriosos cazadores de cocodrilos?
—SÃ, Kammamuri, y quisiera llevarte en mi compañÃa. Durante tu ausencia, el rajaputo y el baniano vigilarán al prisionero.
—Es que desconfÃo muchÃsimo de ese hombre y no querrÃa apartarme de él ni cinco minutos.
—¡Si está medio muerto! Vamos. El elefante favorito de Yáñez, el bravo Sahur, nos espera a la puerta del palacio. Los soldados han partido ya, y los encontraremos a orillas de la laguna.
—Como quieras, patrón.
—Además, volveremos en seguida.
—¿Al oscurecer?
—Creo que sÃ.
—Vamos, pues. Realmente, yo también tengo curiosidad por sorprender a esos misteriosos individuos, convertidos en cazadores de cocodrilos quizá para no ser inquietados, pues es un oficio benemérito.
—Ya veremos si realmente lo tienen —dijo Tremal-Naik.
HabÃanse levantado, después de vaciar el último vaso de cerveza.