El falso brahman
El falso brahman El elefante, al oÃr el acostumbrado silbido del conductor, trompeteó alegremente y se lanzó a medio trote por las calles de la capital.
Por ser mediodÃa, hallábanse muy pocas personas a las puertas de sus casas, y casi ninguna en medio de la calle, por no coger una insolación. Sahur, pues, podÃa correr cuanto quisiese sin peligro de aplastar bajo sus enormes patas a algún desgraciado.
Tremal-Naik, Kammamuri y el joven rastreador se habÃan acomodado a su placer dentro del haudah[40] o castillete, encendiendo sus cigarrillos y haciéndose aire con grandes abanicos de hojas de mango artÃsticamente entrelazadas.
La campiña iba rápidamente apareciendo desierta, pues alrededor de la capital sólo se extendÃan anchas acequias, alimentadas por un canal desviado del Brahmaputra, y llenas de formidables cocodrilos de corto hocico y mandÃbula triangular, que hacen que se les clasifique entre los aligátores, avidÃsimos de la carne del hombre y del perro.
Al cabo de un rato, el cornac detuvo con un grito estridente a Sahur.
—¿Por qué nos detenemos aqu� —preguntó Tremal-Naik.
—Estoy viendo a los rajaputras, sahib.
