El falso brahman
El falso brahman —¡Qué piernas tienen esos hombres! Buenos jinetes son, pero también buenos infantes. ¿Dónde están?
—MÃralos, sahib: están paseando por la orilla del pantano.
Tremal-Naik, Kammamuri y Timul se pusieron en pie rápidamente. Delante de ellos se extendÃa una charca fangosa, muy maloliente, llena de hierbas acuáticas, y muy vasta.
Nubes infinitas de aves revoloteaban sobre ella, lanzando largos chillidos. Eran ocas, más grandes que las nuestras, y con el cuello mucho más largo, y ánades silvestres, cuya carne es exquisita.
—Sahib —dijo el cornac—. El dique termina aquÃ, y deberÃas bajar. No me atrevo a echar a Sahur a través del pantano, que puede esconder fondos blandos, donde se hunda con nosotros.
—¿Ves hombres ocupados en pescar, Kammamuri? —preguntó Tremal-Naik al maharato.
—SÃ, patrón; unas treinta o cuarenta personas están hurgando audazmente las plantas de los jihl, no sé si es en busca de los tubérculos o a la caza de cocodrilos.
—¿No hay aquà un dique que vaya sobre tierra firme?
—SÃ, patrón, el que acaba aquÃ.
—Timul, echa la escala.