El falso brahman
El falso brahman —¿Crees que se defenderán?
—Sólo tienen arpones, sahib; las armas más a propósito para cazar a los reptiles.
—¿Han cogido algunos?
—Me parece que esos sujetos vienen aquà a tomar un baño y a cazar bien pocos cocodrilos —respondió el rajaputo—. Se me hacen personas muy sospechosas, te lo digo francamente, sahib.
—Son los mismos individuos que encontramos en las cloacas de la ciudad —dijo Tremal-Naik.
—¿Y qué debemos hacer? ¿Abrir fuego sobre esa gente?
—Vas muy de prisa, querido; aquà no estamos en la guerra. Primero, invitémosles a presentarse ante mÃ. Si se niegan, emplearemos otro procedimiento.
—Si quieres, mandaré que algunos hombres penetren entre las hierbas acuáticas.
—Debe de haber aquà muchos cocodrilos dispuestos a zamparse una pierna. Verás cómo los parias, pues tales son sin duda, se deciden a venir a la orilla. Haz callar a tus hombres.
En seguida hizo con ambas manos una especie de portavoz, y dirigiéndose a los cazadores y quizá también pescadores, pues además de los arpones tenÃan pequeñas redes, les gritó con toda la fuerza de sus pulmones:
—Venid en seguida a tierra; es orden de la rhani y del marajá.