El falso brahman
El falso brahman Los parias, que hasta entonces habÃan fingido no advertir la presencia de los soldados, y continuaban hurgando las altas hierbas acuáticas, al oÃr aquella orden se echaron a la espalda redes y arpones, y se reunieron alrededor de un viejo, flaco como un esqueleto, y vestido con un simple andrajo todo roto y mugriento.
—Responded, o mando a mis hombres abrir fuego.
A aquella amenaza, el viejo se destacó rápidamente de sus compañeros, subió a una lengua de tierra que conducÃa a la ribera, y acercándose lo suficiente para alcanzar con la voz de sus estropeados pulmones, dijo:
—¿Qué quieres de nosotros, sahib?
—Prenderos a todos —contestó Tremal-Naik, resueltamente.
—No somos más que unos pobres pescadores que no han hecho mal a nadie —respondió el viejo.
—Sois los mismos que nosotros hemos perseguido en las cloacas. ¿Te atreverás a negarlo?
El viejo permaneció silencioso mirando a sus pescadores, los cuales, aterrados ante la amenaza de sufrir una descarga, se iban acercando poco a poco a la lengua de tierra.
—Vamos, espero tu respuesta —gritó Tremal-Naik, haciendo con la carabina un movimiento amenazador.