El falso brahman
El falso brahman —No te has engañado, sahib —respondió por fin el viejo—. Nosotros no sabÃamos adónde ir a dormir, y durante la noche, por miedo a los tigres, nos refugiábamos en las cloacas, llevando los productos de nuestra caza y nuestra pesca.
—Acércate con tus hombres antes que mande hacer fuego. El marajá está resuelto a saber quiénes sois y de dónde venÃs.
—Obedecemos, sahib.
Los parias se pusieron en columna, conduciendo un enorme cocodrilo, de más de siete metros de largo, que habÃa sido muerto a arponazos.
El viejo fue el que llegó antes a la orilla, y lo primero que hizo fue ofrecer a Tremal-Naik su red, que estaba llena de una especie de peces realmente muy singulares, con la piel negra y viscosa, la cabeza cuadrada, casi como la de un sapo, y con dos largas membranas que corren a ambas partes del cuerpo.
Estos peces extraños, muy parecidos por su aspecto a los llamados ascolott, que pueblan los lagos mejicanos, son muy numerosos en las aguas estancadas de la India, y se les busca con gran codicia por su carne sabrosa y delicadÃsima.
—Quédate con ellos, anciano —dijo Tremal-Naik—. No quiero despojarte del producto de tus fatigas.