El falso brahman
El falso brahman —Eres demasiado generoso, sahib. Otro cualquiera en tu lugar nos habrÃa cogido también el cocodrilo y las cebollas de jihl, que a nosotros nos sirven de pan, por no tener medios para comprarlo.
—Que guarden también tus hombres los productos de la caza y de la pesca; pero deben venir con nosotros, en medio de los soldados, al palacio del marajá.
—¿Todos presos?
—Por ahora, sÃ.
El viejo hizo un gesto de terror y miró con fijeza a Tremal-Naik.
—¿No nos llevaréis a la muerte? —preguntó después.
—El marajá no ha mandado aún dar muerte a ninguno.
—¿Y el brahman? No le hemos visto volver entre nosotros, y, por tanto, no nos faltan buenas razones para creer en su muerte.
—Te engañas, viejo. Ese hombre está aún vivo.
—¿Y no ha hablado?
Las palabras se le habÃan escapado de la boca y todos las oyeron distintamente.
Tremal-Naik le puso una mano sobre el hombro, y sacudiéndole con rudeza, le preguntó:
—¿Y por qué debe haber hablado?