El falso brahman
El falso brahman Tremal-Naik hizo alinear la media CompañÃa ante los pescadores, y dijo, en voz alta:
—Si dentro de diez minutos no nos traen estos miserables un caimán vivo, os autorizo para fusilarlos como a personas peligrosas.
El viejo hizo un gesto.
—Es inútil —dijo—. En estas aguas no hay más cocodrilos. Nosotros los hemos destruido todos, y al último, que era el más grande y el más peligroso, no le hemos cogido hasta esta mañana, cuando aún estaba dormido. Además, si quieres saber algo de mÃ, estoy dispuesto a hablar, aunque yo estimo en bien poco mi flaco esqueleto.
—Ven, pues, con nosotros sobre nuestro elefante, y manda a tus hombres que no intenten huir. Ya sabes que los rajaputos son muy buenos tiradores.
—¿Pero tú, sahib, me prometes no hacer matar a los mÃos en algún patio del palacio?
—Te doy mi palabra.
Introdújose entre sus hombres, que fueron estrechamente rodeados por los barbudos guerreros, les dijo algunas palabras, y en seguida se unió a Tremal-Naik, a Kammamuri y al rastreador, que estaban impacientes por volver a montar sobre Sahur y regresar a la capital. No parecÃa sino que presentÃan algún desastre.