El falso brahman
El falso brahman —Sà —respondieron a una voz todos los sikaris.
—Daremos otra lección terrible a esas bestias que amenazan tenernos aquà prisioneros, mientras suceden en mi capital cosas tan graves.
—¿OÃs, señor? —gritó en aquel momento Kammamuri—. Están invadiendo el bosque y procurando echarse encima de nosotros por otro lado.
—Mira a ver si alguna de estas bestias lleva colgando de los cuernos las tripas del caballo.
—No lo permita Siva[16]; porque eso significarÃa que también Bindar habÃa sido destrozado.
—Pudiera haberse salvado subiéndose a un árbol. ¡Atención!
—¡Duro con ellos! —dijo Yáñez, que comenzaba a hartarse de la obstinación de aquellos animales.
Salieron ocho disparos, uno tras otro, y una lluvia de balas cónicas, envueltas en ramas, cayó de lleno nuevamente sobre los gigantes de los bosques.
Cayeron tres o cuatro con la espina dorsal rota, pues los cazadores no apuntaban ni a la cabeza ni al pecho; pero los otros, cada vez más enfurecidos, se lanzaron como una tromba, con los cuernos bien asestados y decididos a no retirarse a la espesura sin haber vengado a sus compañeros.