El falso brahman
El falso brahman —¿No serÃa Shindia, el exrajá del Assam, que se hallaba recluido en un manicomio de Calcuta, a expensas de la rhani?
—Una noche oà este nombre escaparse de los labios del brahman, o mejor dicho, de nuestro jefe. HabÃa bebido mucho vino de palma y charlaba como un loro.
—¿Y decÃa?…
—Que dentro de poco la princesa y el marajá habrÃan perdido la corona.
—¡Pero si no sois más que cuarenta, mientras la rhani puede lanzar contra vosotros mil guerreros!
—¿Y sabes tú, sahib, los que hay detrás de nosotros, que vienen en pequeños grupos hacia este paÃs, y se mantienen siempre escondidos en los bosques, viviendo quizá solamente de cebada cruda y plátanos? Yo no sé, pero temo que la rhani habrá de pasar por una situación muy crÃtica.
—¡Con tal que la población le sea fiel!
Una sonrisa enigmática apareció en los labios del viejo.
—¿Y quién puede asegurarlo? —dijo después.
—¡Por Júpiter, como dice Yáñez! —exclamó Tremal-Naik—. ¿Es acaso una insurrección lo que prepara Shindia bajo cuerda?
—Yo no lo sé, porque no he hablado nunca con el exrajá.