El falso brahman
El falso brahman —He aquà una jornada provechosa, patrón —dijo Kammamuri.
—Asà lo creo. Si esperamos a que hablase el paria, habrÃamos perdido la paciencia sin ningún fruto.
—Poco a poco, patrón. Yo cuento siempre con ese hombre y te aseguro que por él sabremos mucho más.
—Antes se dejará morir de hambre, de sed y de sueño —dijo Tremal-Naik—. Estos hombres, sumidos siempre en la miseria y despreciados por todos, no tienen empeño alguno en prolongar su existencia, porque esperan que después de muertos experimentarán una nueva y mejor transformación.
—Te digo que cederá.
—Veremos; pero si quieres, apuesto dos mohr (monedas de oro, cada una de las cuales vale cuarenta liras, o sea dieciséis rupias) nuevecitas.
—¿A que no hablará?
—A que no sabremos nada por él.
—Acepto, patrón y perderás.
—Poco me importa —dijo Tremal-Naik, sonriendo—. PerderÃa con gusto quinientas con tal de saber qué clase de volcán es el que está a punto de abrirse bajo nuestros pies.