El falso brahman
El falso brahman —Muy mala policÃa tenemos; mas con todo eso, no hubiera dejado de advertirse la llegada de tanta gente, venida no se sabe de dónde, y probablemente armada sólo de redes y arpones.
—¿Oyes? ¡Otro cañonazo!
—Sin embargo, no oigo ningún fragor de fusilerÃa ni de…
Interrumpióse bruscamente, y en seguida lanzó un gran grito.
—¡Está ardiendo algún palacio o pagoda en la ciudad! Son señales en demanda de auxilio.
—¿Dónde? —preguntó Tremal-Naik, herido de un siniestro pensamiento.
—Creo que cerca del palacio de la rhani. ¡Mira, patrón, mira!…
Hacia el centro mismo de la capital, donde se alzaban los grandiosos palacios de los dignatarios y las magnÃficas pagodas, habÃa surgido una inmensa nube de humo, surcada por haces inmensos de chispas que el viento de la noche desparramaba por el cielo como si fuesen estrellas.
—¡Cornac! —gritó Tremal-Naik—. ¡Lanza a todo galope a Sahur! Ha ocurrido un desastre en la ciudad, y queremos tomar parte, al menos, en la salvación de las vÃctimas.