El falso brahman
El falso brahman —Una horrible traición se ha cometido durante nuestra ausencia. No debimos en estos momentos abandonar a Yáñez.
—Y quizá anda en esto también la mano del brahman —dijo Kammamuri, rechinando los dientes.
—¡Si está atado allá abajo en el subterráneo!
—Yo sé lo que quiero decir, patrón.
El incendio entretanto parecÃa aumentar espantosamente. Ya no era humo lo que subÃa hasta el cielo, sino terribles lenguas de fuego de muchos metros de altura, que se retorcÃan con salvajes contracciones de serpientes enfurecidas.
Sahur corrÃa cada vez más de prisa, obligando a la gente agolpada en las calles a apretarse contra los muros de las casas, y a refugiarse en los portales.
—¡Paso! —gritaba sin cesar el cornac—. ¡Servicio de la rhani!
Y todos obedecÃan prontamente, dejando paso libre al gigantesco proboscidio lanzado a un galope aterrador.
HabÃa ya llegado al centro de la ciudad y amenazaba hacer un verdadero estrago entre la gente, pues todas las anchas vÃas que conducÃan al palacio real estaban henchidas de soldados, guardias de policÃa y vecinos que acudÃan al salvamento.