El falso brahman
El falso brahman —¡Ya encontraremos otros a millares! Vamos fuera, antes que el palacio se nos caiga encima.
Las llamas eran ya dueñas del inmenso edificio, y no pudiendo ser combatidas sino con pocos y débiles chorros de agua, comenzaban por fin a calcinar los mármoles. Allá en lo alto se oÃan caer las paredes sobre los pisos con un estruendo infernal.
Kammamuri, el cazador de ratas y el rajaputo, que seguÃan llevando al prisionero, teniéndolo bien sujeto por las muñecas, atravesaron en carrera desenfrenada una gran tempestad de chispas, y bajaron la escalinata ante la cual Sahur mugÃa espantosamente, intentando huir a pesar de las dulces palabras del conductor.
—Lleva a este paria al castillete, junto al viejo vigilado por Timul, y que es otro paria —dijo Kammamuri al soldado.
—Eso no cuesta nada —respondió el hércules encaramándose a la escala, mientras el baniano le empujaba.
—No lo dejéis escapar.
—Antes lo mato de un pistoletazo.
—¿Y qué voy a hacer yo con un muerto? Retiraos a la gran plaza del Mogol, y esperadme allÃ. Yo debo buscar a mi patrón, y al marajá con la princesa y su hijo.