El falso brahman
El falso brahman No tuvo necesidad de gritar para que le abriesen paso, pues el maharato era conocido por todos, y hasta gozaba de una gran popularidad entre los vecinos.
Viendo un gran grupo de soldados que se afanaban en hacer funcionar las estropeadas bombas, se dirigió hacia aquel lado, viniendo a chocar con Tremal-Naik que andaba en busca del elefante.
—¿Y el señor Yáñez, patrón? —le preguntó con voz ahogada el maharato.
—A salvo —respondió Tremal-Naik.
—¿Y su hijo?
—A salvo también con el ama, pero la princesa ha desaparecido misteriosamente.
—¿Quieres aterrarme, patrón?
—No es ocasión de ello.
—¿Habrá sido devorada por el fuego?
—No, no; porque ha sido la primera en abandonar el palacio; muchas personas la han visto.
—¿Y adónde ha ido? ¿Quién la ha raptado?
—Vamos a buscar a Yáñez. Ya es inútil querer salvar el palacio. Dentro de un par de horas, todo habrá acabado.