El falso brahman
El falso brahman El incendio habíase enseñoreado por completo del imponente y magnífico palacio de los rajás del Assam; y mal combatido por aquellas diez bombas destrozadas (que a cada paso se entorpecían por tener todos los tubos acribillados sin duda por los dientes de las ratas, plaga de la India), crecía más y más en fuerza, favorecido por el viento que bajaba de las vecinas montañas.
Aunque los robustos muros de piedra y los dos pisos inferiores resistían, las techumbres, las galerías, hechas todas de madera de palosanto, y los pisos superiores construidos con palorrosa, ardían completamente, lanzando hasta el cielo llamas espantosas.
Ya los soldados, la policía y el vecindario habían renunciado a luchar con ellas, abatidos por la inutilidad de sus esfuerzos y atemorizados por los continuos turbiones de chispas que salían por las ventanas y caían sobre la calle, abrasando las carnes desnudas de los indostaneses.
Solamente hacia una esquina del palacio, donde se hallaban las habitaciones de la rhani, seguían aún funcionando como podían las bombas, y los rajaputos, colocados en largas filas, continuaban pasándose unos a otros grandes cubos de agua, que eran después vaciados en la gigantesca hoguera.